En Berlín

Alguna vez viví lo que puede compararse a una película de "amor", de esas cursis que te gustan; donde dos personas, totalmente opuestas tanto en gustos y costumbres, pudieron estar juntas sin ningún tipo de complicaciones; que pensaban lo mismo acerca del mundo y toda la clase de basura que existe en él. 
      Y viste, en donde nadie, jamás, había podido ver, el color azul, y comprendiste que no era un azul de tristeza, y que sólo estaba siendo protegido por la oscuridad, para que nadie lo encontrase. 
      Me arrepiento de mi lentitud. A pesar de que estaba al otro lado del mundo y de que no teníamos nada seguro... ¡ni el tiempo mismo estaba a nuestro favor! 
     Siempre paciente conmigo y con mis problemas de comunicación.
     Al encontrar un sueño en esta hórrida pesadilla. Al encontrarme dentro de este mundo lleno de colores, y debes de saber que no eres uno de ellos, sino todos a la vez.
     Al recordar cuando te ibas, en aquel taxi, llorando, porque no sabías si nos volveríamos a ver; porque ambos odiamos las despedidas y en el fondo es lo que más nos duele.
     Porque sigues conmigo. 
     No creo que sea de la incumbencia de los demás, nadie en el mundo entero sabe el significado real de estas palabras... lo que viví(mos), lo que estos ojos en "fase cromática" vieron... Nadie más sabe de qué hablo; nadie más sabe por qué caminos andamos.
     Estoy seguro que mi película de terror, contigo, jamás será.
     Te quiero y te extraño. 
     Los días de mayo son siempre lo mejor.

19/02/2014

Abismos

Uno nunca sabe qué es lo que va a pasar hasta que no se decida a darle la vuelta a la página. La imaginación nunca es suficiente. Se necesita vivir; lo que viene después es inexistente; las lágrimas, el dolor, la felicidad son infinitas, así como las posibilidades.
     No es salvar al ángel caído, es serlo.
   Regresar al lodo -de donde provenimos-, es lo más fácil. A fin de cuentas, es vivir la muerte.
    Tal vez lo que uno necesita más, de la vida, es el sufrimiento en todos los niveles, en todas las formas, así y sólo así, uno sabrá identificar la "divina" llegada de la felicidad y, con ella, una gran calma, en donde todo ya está dicho y hecho.
     Y tal vez uno sólo necesita encontrarse -y encontrarse solo-, y saber certeramente cómo es y cómo ser. Profundizar en nuestros propios abismos, de los que tenemos miedo a saltar en su interior, y gozar de ellos como el más dulce cáliz... el más dulce amor.