El ciego

No, no, no, no, ¡no puede ser! ¿Por qué hay tanta gente? ¿Son las doce, o son las tres?...  A cada minuto que pasa se acumula más y más gente, y, ¡claro!, no importa la hora que sea, aquí, en Balderas, siempre está hasta la madre. Siento que todos me observan: aquel, ¿por qué me mira así, querrá mi cartera, mi celular?...Ni un paso más, ¡ni un paso más!... ¡Uff! siguió de largo. No sé por cuánto tiempo más podré esperarle; ella había quedado muy formal, nos veríamos aquí, en el metro; él sabe muy bien mi condición: simplemente no puedo con la gente, ¡no! Y, aún así, ¿se le ocurre la maravillosa idea de que vea a su madre en un lugar como este? Todas esas miradas cazándome... Esos dos… ¡Qué facha!, ¿Cómo pueden sal…? ¡Eh, la madre de Roberto! ¡Al fin! Entre tanto ganado, bajando por las escaleras eléctricas, me es difícil ubicarla… Pero… ¿Qué?, ¿quién es ese tipo que la viene siguiendo?, esa camisa del américa no se me hace muy normal; viene muy juntito y encorvado: como si buscara el momento y lugar exactos para atracarla. ¡Tengo que hacer algo, tengo que hacer algo! Corro hacia él y ¿lo tiro? ¡Sí! Corro hacia él y ¡LO TIRO!... Un empujón... tan fuerte, pobre tipo, ni se lo espera… ¡Ja!... ¿Qué? Todos, ¿por qué me miran así? ¡Soy un héroe! UN-HÉROE… ¡Maldita sea, me van a matar, ME VAN A MATAR! El pobre americanista es ¡CIEGO!

                                                                      ***
«¡Es ciego, es ciego!... ¡Baboso, fíjate!... ¿¡Cabrón, qué te pasa!?» No dejan de retumbar la serie de insultos que me llovieron aquél día y, la vergüenza en la que me vi inundado al momento.Tuve que explicarle a la policía lo sucedido, con todo lujo de detalles de mi condición. Y heme aquí, ahogado en cerveza y sopa de habas, en la vieja cantina “el mirador”, sé que es un lugar extraño para ti, pero es una de las más antiguas y, por lo mismo, menos concurridas que quedan en la ciudad. Aquí me siento a salvo. Ese día, del pavor, ya no le pude entregar las cosas a tu mamá. ¡Discúlpame! Tú me conoces a la perfección, no por nada eres mi mejor amigo...  ¡No puede ser!... No, no, no. ¿Me está siguiendo?... Él, él. Fíjate, es el mismo invidente que empujé en el metro… ¡Claro, pero si tú no lo viste!... Pero ¿qué chingados hace aquí?...
¡Está buscando venganza! ¡Me quiere volver loco! Sí, sí, sí, no puede ser casualidad: alguien le dijo que estaba yo aquí, y que iba a estar contigo... Que están pasando ¿qué?... ¿El partido del américa?... Hasta ahora lo noté… «¿¡Gooooool!?», ¿qué está celebrando?... Sí, ¡míralo! Acaba de levantarse de su lugar gritando: “¡gooool!”. ¡Ay, él qué va a saber!, pobre hombre…¡Jajajajajajajajaja! Míralo, ya se sentó. Ya se dió cuenta que el américa va perdiendo…

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La desafiante ciudad -uno de los tantos hábitats de los homosapiens- acecha en cada momento a todo incauto que se pierda dentro de sus entrañas hambrientas. Aquel ir y venir de la oruga naranja, con todo y su lento andar; y los gruñidos de aquellos homínidos -que son tan diversos por dentro, como los colores que los adornan por fuera-, urgidos por llegar a su destino, son el indicador de que es la hora pico en la estación del metro Balderas. Se mueven de manera coordinada y a su vez forman una linda imagen: todos formados en filas interminables, esperando su turno para poder abordar. A lo lejos, casi al medio del andén, se observa un espécimen peculiar. Aislado de todos los elementos circundantes, brilla, no por sus características exteriores sino por su comportamiento errático y nervioso.Le llamaremos: “N”.
A N, se le nota impaciente, un tanto paranoico -no se siente parte del hábitat-, incluso, no se siente parte ni de la misma especie. Se le observa esperando; se asoman sus diminutos colmillos por entre las comisuras de la boca. Siente, según su propio instinto de supervivencia, que será atacado por algún depredador nativo… Pero eso no sucede.
Por el contrario, si miramos con atención el hábitat donde convergen tantos “homosapiens”, podremos observar a otro de ellos. Éste otro, muy diferente a N, porta una indumentaria ritual de su tribu nativa; se caracteriza porque simula el plumaje de un águila, aunque con una variante en los colores; y por la “tonadita” de su voz, deformada, que simula el mismo cantar del ave. A esta tribu le hemos denominado: “el América”. Y al espécimen de esta tribu le llamaremos: “BrYn”. Observemos su recorrido.

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N se da cuenta que, a lo lejos, alguien de su tribu viene descendiendo por las escaleras eléctricas: es la progenitora de “R”. R, por su parte tiene una relación muy estrecha con N -los homosapiens le denominan: amistad-, y por consecuente N, tiene la misma relación con la progenitora de R. De forma inesperada, BrYn, comienza a moverse en dirección de la progenitora de R, y N se percata de ello. N comienza a avanzar, tan veloz como un chita, por entre la manada; empujando sin importarle a todo el que esté a su paso. Sin titubear ni un instante, N, se lanza de forma intrépida y tumba de un empujón a BrYn. BrYn cae al suelo, dejando caer el bastón que le ayudaba a orientarse en todo el hábitat. Sí, él es un espécimen incapacitado del sentido de la vista. N, muy asustado lo ayuda a levantarse. Todo alrededor de N y BrYn se paraliza por unos segundos.
Luego, una sarta de alaridos en contra de N estallan de las fauces de los demás “homosapiens”. Se lo quieren comer vivo. La manada tiene hambre, y sed de sangre. Lo rodean y evitan su huida...
Días más tarde: N se encuentra con R para conversar sobre lo ocurrido; en su dialecto nativo piden una ronda de brebaje ritual. Es un lugar poco concurrido. A este lugar, de acuerdo a las tradiciones de la especie humana, se le denomina: “cantina”. Y esta cantina lleva por nombre: “El Mirador”. Nadie sabe qué mira, si el pasar de los días o, si el entrar o salir de los homínidos, en estados alterados por los brebajes rituales que ahí se sirven. Nadie lo sabe con certeza. En uno de los rincones de el mirador hay un dispositivo rectangular y luminoso -inventado por la misma especie sólo con el objetivo de transmitir mensajes hipnotizantes y así poder controlarse a sí mismos de ser auto erradicados de la faz de la tierra-, que ahora mismo deja ver imágenes de una disputa ritual. Esta disputa no es sangrienta como antes lo solía ser. Afortunadamente es otro tipo de ritual, en el que 22 homínidos corren incansablemente tras un objeto redondo de color blanco y negro.
R, reconoce a BrYn a lo lejos, gracias a la descripción que le dió N, y se lo hace saber. La conversación fue interrumpida por un grito espeluznante que satura todo el lugar. “Goool”. BrYn alza los brazos a modo de celebración. Lo que no sabe, y al parecer N y todos los demás sí, es que la tribu ritual de BrYn va perdiendo la contienda… Los miembros de la tribu rival observan sorprendidos a BrYn y, pronto, El Mirador estalla en cacofonías burlescas.
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—El reloj del andén marcaba unos números bien raros, ya ves que luego se alocan. Pero éste tenía los números, o eso creía que eran, como si estuvieran en escritura cuneiforme. De esa que aparece en las tablillas antiguas, o bien, como del tipo de símbolos que tiene el “depredador” en el brazo cuando se quiere destruir. Sí, creo que eran más así. Bueno, el hecho es que: estaba yo ahí parado, debajo del reloj, como todo buen mexicano que espera a alguien en el metro, y de repente se me aparecía un tipo bien rarito. Pero no le había prestado tanta atención hasta que de la nada ya estaba yo viendo cómo la gente bajaba de las escaleras eléctricas. Y, ¡no manches!, ¡que veo bajando a tu mamá!, we…

—No maaa, ¿mi jefa?
—No, pérate, we, no me interrumpas, que si no se me va el avión, y después ya no me acuerdo bien qué pex. ¿Dónde estaba?... Ah, ¡sí!. Te decía: ví a tu jefa bajando de las escaleras eléctricas, y luego el we, que se me había aparecido antes, se me olvidó decirte que traía una playera del américa. Entonces yo pensé que era un “chaca” y que se la iba a atorar…
—!Pos ora!

—No, pérate, ¡chingá!. Le iba a dar “torzón”, pues. O eso pensé. Porque estaba bien rarito; hasta pensé que estaba bien monoso el we. Ya sabes, juntas los elementos: playera del américa, el metro balderas. Y ps obvio se droga. El pedo es que me armé de valo,r y que le pongo un madrazo en la cabeza, we. Así, directito en la pinche “tatema”.
—¡No ma!
—Yo sentí que le daba con “un chingo de huevos”. Pero, ves que luego, cuando das madrazos así, ni parece que tienes fuerza. Sentí mi brazo bien “guango”. El chiste, es que sí lo tumbé y, de repente, nada… todo bien pinche negro. Y dije: “no mames, no mames”. Con lo que me da miedo la oscuridad... No mames, Roberto. Fue como si yo hubiera recibido el “putazo”. Bien pendejo, me “noquié”.

—Jajajajajajajajaja.
—¡Oh, que la…! Entonces, me levanté y ya estaba dentro del chaca. No mames, el we, estaba ciego, con razón no vi ni madres. Pinche cosa más rara. Me oí a mi mismo pidiéndole disculpas al we. Pero entre tanto desmadre que se traía la banda, no escuche chido lo que le decía… o bueno, me decía. Parecía importante: como esos mensajes que te manda tu inconsciente, de lo que tanto habla el “Freund”.
—¿Cuál Freund?

—Sí, Freund. El loquero ese.
—¡Weeeey! es Freud y es psicoanalista.
—Bueno, bueno. Da igual. Entonces, después, ya podía abrir los ojos. Y estábamos justo aquí en la cantina, se llamaba diferente… creo “El Mirador” o algo así; y estábamos sentados justo en esta misma mesa. Y vi al chaca-ciego que entraba y, en la tele, estaban pasando el partido del américa y el pendejo andaba celebrando los goles del cruz azul...

—Jajajajajajajaja ¡Qué cagado! We.
— ¿Qué?

—Justo están pasando ese mismo partido por la tele…
—¡Nomamesnomamesnomames, Roberto, no mameeeeeees!
—¿Qué, wey?

—¡Ahí está, hijodesuputamadre!...