Ταλασοφοβία

Sabrás cuántas palabras
se gastan al llamarle,
ninguna de ellas tiene eco,
ninguna habla su lenguaje.

Aquí abajo se respira aire negro,
nubla la vista y hace toser;
desde arriba nos mira la luz
de una barca: la promesa.

Nadie habla su lenguaje:
se malinterpreta el "sí",
que deja anclado,
siempre esperando el regreso.

Deja la esperanza a flote,
que nunca llama
que llaga
y que jamás llega.

Y esos ecos entre las olas,
esas, las sombras de los barcos,
que se encuentran en ilusión,
ellas dicen más.

Viene como centro,
absorbe la atención,
la marea juega, lo sabe,
tímida y hace trizas.

Llama y esquiva,
ver y no saber qué ver,
¿hay un secreto?
un eco perdido en el abismo.

El corazón salta del pecho,
pretende la invisibilidad
para protegerse de la gran indiferencia,
para protegerse, siendo ignorante de sí.

Muda, como reloj a media noche,
muda, entre llamadas sin nombre,
siempre muda,
siempre ondeante.

¿Qué hacer?, ¿qué hacer? repiten los ecos.
Necedad corre por las venas,
como río bravo: imparable,
como tormenta que en frío fluye.

Como la luna más grande de febrero,
como el viento que propaga las hojas,
como las nubes en una tarde sin cielo,
oh, ¡cielo... has podido venir!

El frío se rompe en sus rocas;
aquellas tan pardas
donde perece la imagen,
como si fuese la reencarnación
de un espejismo.

De pronto aparece
en zonas prohibidas,
donde el ser no aguanta,
donde lo real pertenece.

Cuando brilla
ilumina este recoveco;
es el mejor vino
que no se puede ingerir.

Subir con la marea
cuando se posa en frente,
¿a propósito?; ojos “acquamarina”
como ofrenda infame.

Se regocija al perderse,
disfruta del agua de sal
y de los mil latidos por segundo
cuando se mueve en el imposible.

Miedo al Mar se llama,
y si se compara al verdadero sentir,
es nada, la más  grande fobia:
el perderse aquí.

Mar: los ojos.
Mar: la piel.
Mar: los cabellos.
Mar: la agónica espera.

Mar negro,
Mar blanco:
ser azul,
azul de miedo.

Morir en lo profundo
del arrecife de su seno,
morir a cada instante
ahogado en un velo.

Arritmia ingrata:
la palabra fracasa,
se hunde cual plomo
en un vacío hostil.

Asfixia al débil corazón,
abruma con sangre el rostro;
el coral retoza y explota:

con calma, Sal y salta al Mar…

Soy Lodo

Yo soy Lodo
que al ser abatido se va deformando,
con cada costra que arranco y cincelo,
le doy vida a una nueva cicatriz;
quien en la infancia creció con lombrices
secándolas al sol,
y las hormigas fueron mi pan.

Soy el color negro
que vive en el centro de tus ojos,
que cuando se alimenta de luz
suele acaparar el esplendor de los colores.

Soy un lobo...
Un Lobo de Soracte, papá.

Entre jueves y domingo
me invade la melancolía,
me saben a café quemado.

Papá, ¿tú sabes por qué nos prohiben llorar?
Hartos,
de uncir nudos
sobre nudos
sobre nudos
y sentirlos
como espinas en la garganta…
sin anhelos
tragamos ese fango,
la vida:
el infinito recuelo.

Y yo —¡de miedo y sangre!—
me ahogo en la bilis
negra y fría
.