Las vetas de mármol
ahogan y resquebrajan
a pedazos.
Podrán robar
el brillo en los ojos,
seguir ahí
en las notas mal tocadas,
en cada pistilo que se pierde
y se vuelve polvo
que tropieza en pestañas.
Convertirse en arroyo
de tormentas en junio,
en jilguero
que canta al alba,
en mar
estrepitoso
que amenaza borrar la tierra,
nubarrón matutino o
un arcoíris momentáneo…
Y ni así,
ni así,
podrán quitarme el recuerdo
ni el alma.