Camelia no paraba de mirar el reloj; le recordaba a su padre. Él se lo había obsequiado justo el mismo día que conoció a Jacinto. El mirar las manecillas siempre, de una u otra forma, la tranquilizaba. Miraba sus números de oro, todos en romano; sus manecillas doradas; se perdía en los reflejos de las incrustaciones de gema negra: se había convertido en una reliquia familiar. Quizá no era el más caro del mundo, hasta pudiera ser una imitación china —y ¡vaya, qué imitación!—, pero siempre le traía a la mente las palabras que le había dicho su padre al posarlo sobre su muñeca: “somos esclavos del tiempo; él seguirá aquí, no se detiene para nadie...”. Ella tenía veintitrés años en ese entonces.
Años más tarde, no le parecía en lo absoluto que fuera una esclava o que, al mirar al reloj, estuviera cargando grilletes. No, ahora esas palabras tenían otro significado... Tantas cosas que había vivido en esos años con Jacinto, todas y cada una de ellas acompañadas por la rítmica imparable de su reloj. Camelia era paciente, podía esperar horas si se lo proponía, siempre y cuando mirara a su reloj. Entraba en un estado de auto-hipnosis y se perdía en su imaginación. Las escenas pasaban frente a ella como fotografías instantáneas, una a una sin detenerse. Veía su casa, veía a Jacinto jugar con sus hijos; a veces, podía llegar a ver hasta el mismo día en el que ella descansaba de esta vida… Jacinto siempre estaba ahí, inseparable.
Camelia es paciente y Jacinto se encuentra con ella. A su lado, Lilí y Narciso, la miran con cariño. El tiempo los ha cambiado: sus pétalos, un tanto marchitos, caen grises. Jacinto le acaricia el rostro; le toma de las manos y se las lleva a sus labios; aspira su aroma, cada respiro son segundos regalados. Ella puede sentir la ternura que escapa de la mirada de Jacinto: agua fresca a raudales. Jacinto no quiere que las gemas negras Camelia pierdan su brillo. Nada puede hacer... Tres flores brotan en las mejillas de Camelia… Jacinto tendrá que alcanzarla...
Camelia siempre supo esperar. Ahora es libre, libre del tiempo.